septiembre 16, 2017

Oración de la mala suerte


Quiso mi mala suerte estar podrido en deudas.
Quiso mi mala suerte la enfermedad de mi abuela.
Quiso mi mala suerte traer los puños de mi camisa sucios, el cuello de la misma roto y mis zapatos llenos de agujeros.
Quiso mi mala suerte un perpetuo, doloroso resignarse.
Quiso mi mala suerte la inercia de mi caída imparable.
Quiso mi mala suerte un viso de sabiduría y siete años de desventura.
Quiso mi mala suerte que mi suerte fuese un mal golpe.
Quiso mi mala suerte no dar una en mis asuntos.
Quiso mi mala suerte… mi trabajo no luce… mi dinero no rinde…
Quiso mi mala suerte no tener ensalmo ni limpia, Simón, mi curandero y rifero, hace dos años que murió.


agosto 19, 2017

Porfirio

“…le dieron tres puñaladas
de la espalda al corazón
como su madre le dijo
cuídate de una traición…”.
Corrido de Lucio de Vázquez

Su santoral trajo “Remedios” pero le pusieron Porfirio, muy probablemente por su tío abuelo Porfirio Alonso, andariego y mercante de puercos. Fue el quinto de una familia de once hijos. Una familia de campesinos pobres; pero que contaba con el trabajo incesante de la abuela paterna: Victoria Alonso, que vendía camotes horneados y otros productos en la plaza del mercado. Cuando esta murió, Porfirio tenía cinco años. La casa de sus padres quedaría en el letargo de una larga y lenta pobreza.

marzo 31, 2017

El último nieto de Viridiana Núñez


A Juan Pablo Guerrero, que platica con un profesionista cubano empobrecido


Vida cotidiana de Ciudad Altamirano a mediados del siglo xx

Cuando yo conocí a Viridiana Núñez ella era una anciana de ochenta años.  Me acuerdo bien. Su casa era como la de los pobres de ese tiempo: de cercados de carrizo, una casa chiquita pero siempre con espacio para meter a los niños que sus nietas y bisnietas le llevaban. “Luego vuelvo por el guache, ‘ma Viridiana”, le decían, pero nunca volvían. Así es que el corazón de Viridiana tenía que ver cómo agenciarles un taco a aquellos niños que todos los días eran un remolino.
Por ese tiempo vivía un hombre que se llamaba Cándido Zúñiga, quien en parte de su tierra sembraba caña dulce; él le tenía buen aprecio a la vieja Viridiana y él mismo le decía, cuando era la temporada, que fuera a cortar las cañas que quisiera. Ella no se hacía del rogar e iba con los chamacos que podían cargar algún manojo. Las cañas las partían y aquellos niños se distribuían a venderlas en todo el pueblo. Era cuando empezamos a convertirnos en población grande.

febrero 01, 2017

A una prostituta


¡Oh, prostituta suave y rubicunda!
Dime cuánto cuesta la vida.
No regatees tus palabras.
Deja estregar tu piel sobre mi piel.
Tu piel olorosa:
no a perfume barato,
no a sudores trasnochados;
sino a jabón humilde y primoroso.

diciembre 01, 2016

El General de los pantalones brinca charcos



El hombre solo en su casa
veía conturbado unos
pantalones de General.
Se los había probado
y, para su mala racha,
le habían quedado cortos.
Desde hace tiempo vivía
en una casa chiquita,
hecha para una persona.
Unos jóvenes entraron,
se sentaron en torno a él.
General no por carrera
sino por un simple apodo.
No reconoció a ninguno.
Él estaba consternado.
Su madre había cortado
mal sus pantalones nuevos.
El General no entendía
al ver sus pantalones
arriba de sus tobillos.
Pensaba y no entendía
siendo su madre una mujer
previsora, primorosa…
Pensaba y no entendía
que su madre, sabedora
de cuánto cuesta la vida,
cortó mal sus pantalones.
Los jóvenes aguardaban
ahí como quien visita
a un enfermo caviloso.
El General no recordó
haberles tratado un día
pero le eran familiares.
De pronto aquellos jóvenes
paránronse y saliéronse
sin saludar pero afables,
cuidadosos de no pegar
sus cabezas en el dintel
de aquella casa chiquita.
El General no lamentó
ni el olvido ni el tiempo ido.
Entristecíase por sus
pantalones brinca charcos. ~



noviembre 02, 2016

Cadafi

Desde el norte de África llegaban noticias a este punto del mundo. Tanta agua, tanta tierra, tantos sueños, tanto pulmón cruzaban para informar que el gobernante libio era un dictador cruel y vengativo



Por el tiempo en que Muamar el Gadafi (1942-2011) llegó al poder, en este lado del mundo eran pocas las casas que tenían una televisión, aún no circulaba ningún periódico local y la primera estación de radio que hubo habría de llegar dos años después. Por eso aquí nadie se enteró que un joven de veintinueve años llamó a la guerra, derrocó al rey Idris I de Libia y se puso a la cabeza del poder. Y si alguien lo hizo fue por los periódicos que llegaban de la capital con dos días de retraso. Pero de eso nadie se acuerda.

octubre 01, 2016

Viaje al interior del año bueno



Del cerro viene una especie de rugido. Los cerros tienen sus ruidos. Es el aire de la tarde que sale como bocanada de sus cuevas y grietas. “Va a llover” ‒alguien dice‒ pero el cielo se ve despejado…



De camino a Santo Domingo, apenas despegando de la carretera, poco después del panteón de Coyuca, vi una de las vistas más bonitas de este año: el verdor del paisaje, los bosques y los maizales en sus distintos y mejores tonos, la lejanía verde, llena de esperanza de las montañas y la claridad del aire cuya intensidad anunciaba una buena tarde de viaje. El cielo alto y azul, y, desperdigada, una revolución de nubes blanquísimas, ¡qué he dicho!, del color de la hora en que bajan los ángeles.

Premios y estímulos para escritores



Hoy como nunca la gente necesita fingir que lee… porque lamentablemente hay profesiones donde se necesita aparentar ser lector.




“Hoy la literatura tiene pocos defensores”, dijo recientemente la poeta Ida Vitale (Montevideo, 1923). No es novedad decir que la literatura es de una minoría, y, tal vez como nunca, de una raquítica minoría. Grupos que secularmente eran lectores, y que cualquiera pensaba que con la facilidad de edición y circulación de libros, más aún con la llegada de la Internet, crecerían y se extenderían, han disminuido su fuerza e influencia para dar paso a la incultura y al desprecio a la lectura. Estos grupos se han replegado a la academia y la especialización. Y los entes de la cultura libre andan por ahí, desperdigados, a merced de la marginación y el resentimiento.

En este pueblo no hay ladrones


¿Por qué no se cambia el sentido del tramo Ignacio Zaragoza y Lázaro Cárdenas? Un retorno al desorden vial.


Hay una aparente tranquilidad en Ciudad Altamirano. Más allá del carácter atrabiliario y rudo de sus habitantes, de sus excesos, en las últimas semanas no ha habido hechos violentos.

Cuando un gobernante, un pez gordo acabe y barra con los cabecillas de las bandas de la mafia, ya por poder, ya por obligación moral, tal vez la sociedad tenga un periodo de paz auténtico. Algo bueno tendrá que venir después de una década donde los ciudadanos han estado a merced del crimen organizado. De la irracionalidad y la ambición incesante de dinero de sus cabecillas.

septiembre 01, 2016

Albañiles


Despejan la neblina del bostezo,
el alba los riega tenue al trabajo,
ríen de sus chistes, echan relajo,
buscan el aliento de las palabras
porque el principio se presenta duro:
las varillas, los alambres, el fierro,
la tierra donde se levanta la obra,
como el primer día de destierro;
todo los recibe con gesto fiero,
la luz del alba, claridad del aire,
trae la fuerza para la jornada,
la claridad radiante los despega,
el sol hace brillar el entusiasmo,
trabajan afanosos, concentrados
y sus manos ablandan el acero,
escarban y la tierra se abre mansa,
es la hora del día en que todo avanza,
el optimismo fluye sin cansancio,
es la hora de la hormiga tenaz,
es la hora del engranaje que mueve
el círculo y la máquina del mundo,
el hombre puede crecer, nadie duda,
pero cae la tarde, la intensidad
de los hombres inspirados se apaga,
el día reposa en la luz que trae la tarde,
luz caliza que piensa en el mañana,
y que al parejo de los albañiles
desaparece del buen horizonte. ~