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octubre 01, 2016

Premios y estímulos para escritores



Hoy como nunca la gente necesita fingir que lee… porque lamentablemente hay profesiones donde se necesita aparentar ser lector.




“Hoy la literatura tiene pocos defensores”, dijo recientemente la poeta Ida Vitale (Montevideo, 1923). No es novedad decir que la literatura es de una minoría, y, tal vez como nunca, de una raquítica minoría. Grupos que secularmente eran lectores, y que cualquiera pensaba que con la facilidad de edición y circulación de libros, más aún con la llegada de la Internet, crecerían y se extenderían, han disminuido su fuerza e influencia para dar paso a la incultura y al desprecio a la lectura. Estos grupos se han replegado a la academia y la especialización. Y los entes de la cultura libre andan por ahí, desperdigados, a merced de la marginación y el resentimiento.

junio 27, 2016

Recuento


No recuerdo bien a qué edad pero la idea vaga de ser escritor la tuve durante mi infancia. Oía las pláticas de mis mayores e intuía que eso algún día y de algún modo yo lo platicaría. Durante la primaria fui un alumno reprobadísimo, hasta una mala maestra me retrasó un grado porque le caí mal. Mala porque fue un capricho y lo hizo de modo arbitrario. No hubo tutor que respondiera por mí. Cuando terminé la primaria, mi madre, preocupada de que yo me echara a perder, me advirtió que nomás reprobaba una materia y me sacaba para ponerme a trabajar en los trabajos más penosos y pesados. Durante la adolescencia, he dicho que a los doce pero en realidad debió haber sido a los quince, leí El llano en llamas. Libro por el que empecé a leer y que me ayudó a aterrizar la idea vaga de contar: yo también escribiría un libro de lo que había oído de los campesinos. Pero no estoy seguro si fue esta lectura o un milagro del Niño Dios, a quien le pedí orientado por la hermana Blanca, una vecina devota y amiga de mi abuela inteligencia para mis estudios, lo que me volvió un estudiante aplicado. Terminé mi secundaria con 9.7 y la preparatoria con 9.9.

enero 08, 2016

Vidita literaria y una reseña



Hace poco menos de un año estuve trabajando para editar una revista mensual que abordara la literatura, la política, la crítica y la cultura. Se quedó en proyecto por, entre otros motivos, la soledad literaria. Una de sus secciones, yo pensaba, sería la reseña de los libros de autores de nuestra región. Cuando alguien se pone a hacer recuentos da que en Tierra Caliente se publican cada año gran cantidad de libros. Sin embargo, no hay reseñas para dichos libros. Si un libro anima la conversación; una reseña, que nace del interés y del gusto para invitar y compartir la lectura, ya sea favorable o crítica, en el fondo cumple la función para que el libro no caiga en el vacío o en la indiferencia. El libro es una gran cosa en cuanto objeto ideal para culminar, volver y elevar la conversación.

noviembre 13, 2015

Dos anécdotas de desprecio a la lectura y una lamentación



Hace algún tiempo, en la avenida principal de mi ciudad, mientras caminaba o esperaba a alguien, me interceptaron tres jóvenes: el mayor de ellos no pasaba los 23, y el menor era un muchachillo de 13; bien vestiditos, con portafolios cada uno, y uno de ellos bien entrenado para hablar de sus cosas. Eran Testigos de Jehová. Yo, que en otras ocasiones les recibo sus revistas y folletos, y aunque leyendo de soslayo, me doy cuenta de sus afanes contradictorios, sus trampas verbales, sus enmarañadas buenas intenciones, en esa ocasión no dejé ni siquiera que el mediano de los muchachos me abordara con sus preguntas recurrentes del cataclismo final. “A unas cuadras de aquí –les dije, ya algo iracundo- está la biblioteca municipal. ¡Vayan a leer ahí la Biblia, pero también a los Clásicos; vayan a liberarse y a conocerse a ustedes mismo! (que es el punto de libertad más estimado a donde puede llevar la literatura, esto no se los dije)”. El mayor de ellos, tranquilo, hábil, queriendo dominar la situación con una sonrisa de oreja a oreja (quien sabe si fingida, pero sí algo burlona), me dijo: “Lo hacemos, caballero; dígame ¿de qué tema quiere que hablemos?” El diablo también nos hace hablar educadamente y con buenas intenciones. Si el diablo está en contra de algo después de Dios es contra el arte.