octubre 15, 2018

Campo Morado



Campo Morado está donde se originan los ensueños. Ahí se puede tocar el azul del cielo y detener el paso de las nubes. Más aún se puede caminar sobre ellas como si se caminara sobre colchones donde se han depositado las semillas de los dulces sueños. Ahí uno se puede poner a contemplar y ver crecer y madurar las ilusiones. Campo Morado es un puro vergel que recuerda las imágenes prístinas del paraíso. La gente que vive ahí siempre se encuentra de paso. No hay nadie que haya echado raíces más allá de dos generaciones.
Las únicas personas que trataron de quedarse a vivir ahí, ya hace tiempo que desaparecieron. Pero por ellas se saben algunas cosas de Campo Morado. Esas personas se hacían cargo de una hacienda caída a menos. Se dedicaban al campo y tenían sus animalitos.

septiembre 09, 2018

Un libro de nuestra región calentana




El muerto que nos llegó de Estados Unidos atrae por el sufrimiento y la tristeza de sus personajes. Es parte de la región calentana. Hay en este libro historias donde nos podemos reconocer. Es lo fascinante de la literatura: sentirnos que somos parte de los personajes. Los finales de los relatos sorprenden totalmente. El autor supo dosificar de manera adecuada cada palabra, cada frase, por ello, al leer cada historia supones o imaginas un final, pero, en un giro inesperado, y esto es auténtico y cautivante, el autor le da la vuelta a la historia. El amor, la perseverancia, por un lado; la envidia, la violencia y la muerte, por el otro, cruzan los escenarios de estas historias, escenarios que son las tierras de nuestra región.
Paloma Cabrera Carachure.

A este libro: El muerto que nos llegó de Estados Unidos, yo le pondría como subtítulo: "Las dieciocho formas de la derrota". Porque justamente tiene que ver con eso. Noé ha encontrado una ventana o una rendija, por decirlo de algún modo, donde no solo es importante la versión de los vencedores, sino también la de los vencidos.
Josimar Galíndez Rojas.

Foto: Presentación del libro en el Centro Cultural de Ciudad Altamirano, tierra natal del autor, el 5 de agosto de 2018.



septiembre 08, 2018

Un libro que se las jugará contra el olvido




Hay pueblos que desaparecen y, acaso, queda algún registro para recordarlo. La palabra escrita, mediante la historia, está para conservar la memoria de los pueblos. La literatura está para embellecer (relatando el sufrimiento, los sucesos y los destinos más crueles) la vida y la memoria. La poesía se dirige a otro punto inasible, pero no desconoce de aquello. Todos nos encaminamos hacia la extinción y el olvido. Hay pueblos que desaparecen escandalosamente; otros, calladamente se van sin dejar huella. Cuando visitamos una ciudad luego solemos preguntar: ¿Qué es de su historia? ¿Hay algún registro de sus inicios y de la traza de la gente? Comburindio y, aun, Huetamo, tienen con el libro Native León (Oro, Lirio, 2015) un artefacto que se las jugará con los futuros aires del olvido que vengan a asolar a esta región.

septiembre 03, 2018

¿Dónde está la literatura?




No está en los programas de televisión que hablan sobre escritores. No está en las series de televisión ni en documentales ni en el cine. La literatura, esa gran ventana para observar y leer el universo, presta su palabra, pero al empezar a correr las imágenes vuelve a su sitio; presta sus oficios, pero al prestarlos se escabulle, aunque se le quiera retener con el sofisma publicitario: “Una imagen dice más que mil palabras”.
No está en la discografía del cantante de rock más estrambótico y trotamundos. No es que reniegue de la memoria y la palabra hablada, pero es fiel a la palabra escrita donde encontró su estado ideal.
La literatura está en los libros clásicos y los que se han fraguado en esta tradición.

agosto 31, 2018

Recorrido por la comida de Tierra Caliente





A pesar de la carestía y del callejón sin salida en que nos encontramos, el sazón de nuestra cocina ha resistido. La comida regional recibe influencias, recibe embates pero no pierde su línea, antes al contrario, se transforma para acompañarnos con sus mejores sabores.
El pozol, diré esta palabra porque fue la primera que escuché: pozol servido en poche de barro; con las variedades que nos han llegado de otros lugares (aquí lo comíamos en rojo y de huesito y todos los días lo podíamos conseguir), lo podemos encontrar los jueves en fondas y restaurantes. El pozol blanco, verde o rojo, con sus tacos dorados, las tostadas, el aguacate, un pedazo de chicharrón y todos los aditamentos que se le pueden agregar (aquí lo comíamos con cebolla y chiles serranos rebanados, además de orégano despolvoreado y con su jugo de medio limón) es una muestra de los buenos tiempos que pasan nuestras mesas.

agosto 25, 2018

Vanitas vanitatum omnia vanitas


Obeth de la Paz. Tlalchapa 2018.



Mi buena estrella se quedó por ahí…
Triste y desperdigada en mi camino.
La última vez que la vi yacía
macilenta… Yo creí, pobre de mí,
que refulgente subiría al cielo.
Que todavía me quedaba gracia.
Desde entonces, con mirada torva,
muestro mi puño a los viandantes.
Y ellos, después de una risita, dicen:
“¡Ándale, gandul, atente a tu santo!”
Destilo savia de resentimiento.
Con mi savia curo la disipela.
Soy un hombre fuerte, de buena cara.
Vago callado, atento a las palabras…
Comienzo a platicar conmigo mismo:
El fracaso se ha adueñado de mí.
Fue derecho a mis mejores facciones.
Usurpó la brisa de mis rubores.
El mohín y mis gestos no son míos.
Yo no soy yo. ¿Quién, si no él, puede ser?
El fracaso, amigos, me ha inventado.
Al fracaso también le muestro el puño.
Me aparto de los vicios, gana el tiempo…
Bendigo en este valle de lágrimas
al hombre trabajador, brilla el afán.
El trabajo es una idea, un instante.
El trabajo es todos los hombres muertos.
Trabajo es un susurro de billetes.
El trabajo es poner la cara perro.
El trabajo es humillarse al fracaso.
La luz, la libertad se oyen afuera…
Salgo a la calle para descubrirme
más mísero y necesitado que antes.
Vanitas vanitatum omnia vanitas.
Futuro mío: pisé mala hierba.
Embaucador impulso de alegría
hace crecer diablescas esperanzas.
Y mi destino duro y despiadado
hechiza mi vida con sueños de oro.
Entonces imagino la mañana:
las nueve, hora en que llega la alegría,
espejismo feliz evanescente.
Envilecido voy por mi camino.
Callo. ¿Dónde quedó mi buena estrella?
Desperdigada por ahí, por ahí…
en briznas refulgentes de agonía.

 
Obeth de la Paz. Tlalchapa 2018.

agosto 18, 2018

Palabras que insuflan vida


Presentación del libro: "Relatos de luz y sombras" en Tlapehuala. De izquierda a derecha: Roberto Ventura, el autor José Francisco García González, Ángel Ramírez Ortuño y Josimar Galíndez Rojas.  



Hay libros que se escriben para saldar los recuerdos de la infancia, las historias oídas, las palabras que palpitan… Hay libros, el fin duradero de la literatura, que trasudan vida, y es cuando se dice que un libro es bueno. Y ¿quién no tiene algo que contar? De ahí que el vulgo suela decir: “Con mi vida yo escribiría un libro”. Sin embargo, no todos escriben. Se ha dicho que la literatura la hacemos todos, nada más que unos cuántos escriben. Y muchas veces muy a pesar de los escritores. “Todos escribimos, todos tenemos apuntes en alguna libreta…”, recuerdo haber oído decir a José Francisco García González (Tlapehuala, ¿1965?) durante la presentación de su libro: “Relatos de luz y sombras (Trinchera, 2018) hace apenas unas semanas.

junio 24, 2018

El encanto del día de San Juan




Hay una vieja leyenda que se cuenta en las faldas del cerro Chuperio. La cuentan los campesinos cada día de San Juan, ya en la tardecita, cuando regresan de sembrar maíz en sus bajiales. Por el camino han visto cómo se remueven las nubes, cómo se cargan para dejarse caer en grandes aguaceros. Ven cómo el ambiente se llena de ese viento suave que los campesinos saludan como buena señal. “Este año será bueno”. “Todos los días de San Juan llueve, así se acostumbra por acá”. "No hay como este día para sembrar". La mortificante calor, las congojas quedaron muy lejos. Los breñales secos, la resolana del mediodía, la resequedad de las grandes calores, quedaron muy atrás, para otras temporadas de secas. Ahora los montes y los cerros recobran el haz de la esperanza. Los días y el trabajo son más llevaderos. Para donde se voltee todo es vergel criollo y primitivo. Y los campesinos cuentan la misma historia cada año. Sus palabras llenan los ámbitos. Y se ven muy bonitas enmarcadas por aquella vegetación. Van oyéndose por el camino, hasta llegar al cerro. Suben y bajan... Hay un instante precioso de encanto por el lado sureste del Chuperio, mero en la Cruz. Ahí aparece un arco esplendoroso. Y quien lo ve, entra. Ahí te encuentras una feria. Hay músicas, hay el bullicio de los comerciantes, se juegan barajas y se canta la lotería. Quien ha entrado dice que lo que sobresale son los chiquigüites copeteados de pan de baqueta. Un aroma delicioso, que pareciera fatídico, hace acercarte a estos chiquigüites y tienes que comprar una pieza, dos piezas, ¡afortunados los que compran tres o más piezas! Mujeres que apenas mascullan los precios del pan atienden con la fulguración de los sueños que anuncian la felicidad. Y sales de la feria. Te quedas admirado de tantas cosas que viste. ¡Qué extraño ‒dices‒, nunca había escuchado de esta feria! Son las novedades ‒sigues diciendo‒ que nunca dejan de llegar a este pueblo. Entonces llegas a tu casa. Y encuentras una velación de cabo de año. Se hace el tumulto. Y tus familiares no lo pueden creer. Piensan que tu aparición es cosa de hechicería, cosa del demonio. Se acercan, te palpan, te abrazan, no dejan de llorar de alegría. Los concurrentes van sacando sus conclusiones. Aquella velación va tomando rumbo de fiesta de canelas con alcohol. Entonces te explican que desde hacía un año no sabían de ti. Te dieron por muerto y por eso era la velación. Para pedir por tu eterno descanso. Tú les platicas que nada de eso es cierto. Juras que te metiste a la feria, la nueva feria que llegó al pueblo. Pero apenas un ratito. No te dio tiempo ni de tomarte un refresco. Todo es confusión. El tiempo se trastocó. Te juran que la noche de hace un año te fueron a buscar y que no vieron ni supieron de ninguna feria. Entonces les dices que traes una prueba. Compraste cinco piezas de pan de baqueta. Pan bueno y grande. Y agarras el morral y sacas un pan. ¿Qué te pasa? ¿Por qué ese rostro resplandeciente? Tus panes son oro puro y precioso. Eras una persona pobre y desde ahí serás un Don Dinero. La fiesta sigue. Se surten las canelas cargadas. Todos festejan tu regreso al mundo de los vivos. Tú festejas el oro que en el origen de la riqueza te estaba destinado. Esto platicaban, no hace mucho, algunos campesinos de aquellos rumbos. Esto tendrá unos veinticinco años. Desde ese tiempo nunca he ido por aquellos lares. Pero estoy seguro que ahorita, hoy 24 de junio, día de San Juan, un campesino recordará esta vieja leyenda. 


abril 03, 2018

Amiga mía, ven, amiga mía




Amiga mía, ven, amiga mía,
que yo soy aquel amante extraviado
que tu pie breve, impaciente esperaba
sin avistar ¡oh! que tienes la magia
de las que al final derrotan al tiempo.
Tus labios rojos de frugal espera,
tus labios pálidos de la amarga hora
ven llegar al caballero moreno;
tus ojos, dueños del agua castalia,
venme llegar de aquel país lejano
que ni despierta ni en sueños pensaste.
País del ensueño de tu corazón.
Amiga mía, ven, amiga mía,
maravilloso sueño de esmeralda,
recuerdo de días llenos de infancia,
olvido, alivio del remordimiento…
El armazón marchito de tus lentes,
tu cuerpo bello, levemente arqueado,
tu piel suave, inquieta que sabe esperar,
oyen decirte un "te quiero" y tú lanzas
una sonrisa luciente, fúlgida.
Tu sonrisa que tiene algo de triste,
lugar que escogiste para esperarme:
tu sonrisa sincera de soledad.





marzo 29, 2018

De electrónico a libro de papel





No me quedaré a hablar de un solo libro. No abusaré de la autopromoción. Yo daba por cosa del pasado mi libro El muerto que nos llegó de Estados Unidos. Hice lo que tenía que hacer: lo auto publiqué en la Internet, lo difundí apenas a mi alcance. Tuvo sus lectores, pocos, como es de esperarse; pero eso no importa porque el escritor tiene mucho que leer y poco tiempo para escribir lo que tiene que decir. Este libro, electrónico y todo, representa algo especial para mí porque fue mi primera publicación formal. A parte de mis textos que empecé a publicar en mi blog desde enero de 2014. Antes de eso yo era un escritor con cuatro manuscritos a cuestas. Y cualquiera que ha cargado con un manuscrito varios años sabe de la carga, de las vueltas, de la esperanza y la duda , de la inquietud, de ese ir y venir de la vanidad, de ese ¿qué hago con este mamotreto? Dos sucesos coincidieron para que yo eliminará engargolados y archivos de mis cuatro manuscritos que aún recuerdo sus títulos con cierta ternura: Las flores de San Nicolás; El amigo, el diablo; Los herederos y Recuerdos del alma. Los dos sucesos fueron la creciente del río Balsas en 2013 y mi lectura de Dinero para la Cultura de Gabriel Zaid ese mismo año. Los manuscritos se fueron en la serpiente devoradora de la corriente y los textos de Zaid fueron muy inspiradores y motivantes para empezar a publicar mis textos en mi blog.